
Se trata de "La crucifixión de San Pedro", una de las obras más colosales e indispensables para todo amante de la fotografía. Destaca en ella la composición y la iluminación dura y contrastada, es decir, clásicamente tenebrista. La puesta en escena viene dada por una estructura en forma de aspa, saliendo la primera línea desde el hombre agachado en primer plano hasta la figura erguida del tercero, y la segunda en el cuerpo ladeado de San Pedro. Un violento escorzo que caracteriza a una obra inundada por el claroscuro y así por una fuerte intensidad dramática. Esta misma filosofía lumínica se puede ver en otras obras del autor italiano, caso de la "Vocación de San Mateo".
Y es ese juego con los puntos de luz lo que les ha hecho grandes en el mundo de la pintura. Es difícil concebir una buena fotografía sin un buen juego de los puntos de luz. La iluminación crea la imágen y un buen manejo de ésta puede dar resultados de alta carga dramática sin tener que recurrir al típico personaje naturalista o marginal. Es momento de jugar con la creatividad y la perspectiva, fuera luz envolvente y manos a la obra con el claroscuro artístico.
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